Impaciencia

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Impaciencia – Cómo Eliminar la Impaciencia
Me encanta la historia de la niñita que estaba impaciente e inquieta mientras el sermón del predicador se extendía más y más. Finalmente, se inclinó hacia su madre y le susurró: "Mami, ¿si le damos el dinero ahora, nos dejará ir"?

A todos nos hace sonreír esta adorable historia acerca de la impaciencia, pero la impaciencia no es nada gracioso. Genera un estrés innecesario, daña las relaciones, y nos impide disfrutar de la vida.

Pienso que hay una cosa que todas las personas odian universalmente, es el tener que esperar. Aún así, es importante comprender que mi odio innato al tener que esperar no me vuelve automáticamente impaciente. A veces, el tener que esperar me impacienta, otras veces no. Esto es algo bueno, porque si el tener que esperar no me impacienta automáticamente, entonces hay esperanza de que puedo empezar a eliminar esta malsana respuesta.

Impaciencia - ¿Qué ocasiona realmente la impaciencia?
Sencillamente, la impaciencia es el resultado de experimentar una demora que impide que el mundo sea como pensamos que debe ser: en este momento. La impaciencia comienza como una serie de pensamientos, y es provocada por una demora. Si pienso que debo dejar a los niños en el colegio a tiempo, me impacientaré con ellos si no se visten rápidamente, ocasionando un retraso. Si pienso que necesito entrar y salir rápidamente del banco, y el cajero charla con todos los clientes delante de mí, me impacientaré. Creer que necesito algo en este momento, no se trata solamente de un deseo, es lo que ocasiona la impaciencia. En otras palabras, es la demora al tratar de conseguir algo que pienso que necesito lo que ocasiona la impaciencia.

Mientras más importante sea que las cosas salgan de una cierta manera en este instante, más impaciente me volveré si hay una demora. Si tengo que detenerme en un cruce de trenes por el paso de un tren cuando salgo a dar un paseo en auto, probablemente no me impacientaré tanto. Pero si me dirijo apresuradamente al hospital con mi esposa en el auto y ella está a punto de dar a luz a nuestro bebé, cualquier demora en un cruce de trenes comprensiblemente producirá impaciencia. La intensidad de nuestra impaciencia nos dice cuánto pensamos que necesitamos cumplir con nuestra propia agenda en este instante, y el grado en que no confiamos en el tiempo de Dios para nuestras vidas.

Algunas mañanas, de camino a la oficina, me detengo en una estación de gasolina para echar gasolina. A veces tengo que hacer cola. Aunque puede resultar un poco inconveniente, la espera generalmente no me molesta mucho. Pero precisamente esta mañana me impacienté cuando me demoré veinte minutos por la larga cola de autos delante de mí. Mi impaciencia puso de manifiesto mi creencia de que necesitaba (no era sólo deseo) llegar a la oficina a tiempo, antes de que llegara el primer cliente.

Cuando me impacienté esta mañana no elegí creer que Dios estaba en control y que Su plan y tiempo eran los mejores. No escogí confiar en la promesa de Dios de hacer que "todas las cosas ayudan a bien" (Romanos 8:28). Como resultado, la demora en conseguir lo que creía que necesitaba me volvió impaciente.

Para sobrellevar mejor mi impaciencia esta mañana habría sido útil recordarme estas verdades, y luego decir algo así como: "Dios, aunque realmente quería llegar a la oficina a tiempo, escojo confiar que Tú tienes un buen propósito para esta demora, y que tu tiempo es perfecto."

Impaciencia – Las Soluciones
Dicho de manera sencilla, la solución para la impaciencia es aprender a confiar en Dios con el resultado de las cosas en nuestro mundo. Más específicamente, necesitamos confiar que el propósito y tiempo de Dios para las cosas es bueno, aún cuando se demoran nuestros planes. En vez de tratar de controlar a personas y cosas para lograr nuestros objetivos según nuestro horario, necesitamos "luchar la buena batalla de la fe" y escoger confiar en el resultado de Dios, sin importar lo que sea, ni cuánto tiempo tome.

Cuando escogemos recordarnos que debido a que Dios es bueno, y de que Su amor y gracia son suficientes, podemos confiar en Él con los acontecimientos del día, incluso en medio de demoras. Con el tiempo, con la ayuda de Dios, nos daremos cuenta que nos hemos vuelto más pacientes.

¡Aprenda Más!

Cortesía de Bob y Judy Hughes, www.lovefocused.com



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